Cinco cosas que no es la literatura infantil y juvenil*

Por Elsa Aguiar

Llevo varios días, por cuestiones que no vienen al caso, pensando en qué es, realmente, la literatura infantil y juvenil. Si se tratara de dar una definición, creo que muchos de nosotros estaríamos (estamos) de acuerdo en que la mejor es “literatura infantil y juvenil es la que también pueden leer los niños y jóvenes” (y que Carlo Frabetti atribuye a Michel Tournier).

En cualquier caso, tirando de ese hilo, más que la respuesta a la pregunta que me hacía, lo que me ha surgido es la respuesta a la pregunta contraria, que, quizá (solo quizá) sea un poquito más fácil de responder.

Así que, aunque sigo sin tener bien definido y delimitado qué es la literatura infantil y juvenil (probablemente no hace falta ni definirla ni delimitarla del todo), sí tengo al menos cinco certezas acerca de lo que no es literatura infantil y juvenil. Que no está mal.

  • Literatura infantil y juvenil no es lo mismo que libros para niños. Esta es bastante evidente, pero conviene no olvidarla: no todos los libros para niños son literatura. Hay muchos libros para niños, necesarios y maravillosos, que no son literatura: los imaginarios, los divulgativos, los libros juego… Y hay otros, que, aun pretendiéndolo, tampoco son literatura.
  • Literatura infantil y juvenil no es lo mismo que literatura light. No es una literatura sin palabras complicadas, sin elaboración del lenguaje, sin temas difíciles o sin complicaciones. Es literatura que sabe hacer suyas las posibilidades de expresión y comprensión del niño o del joven, sus maneras de interpretar la realidad y el mundo, su modo de estar en las cosas que pasan y que le pasan.
  • Literatura infantil y juvenil no es lo mismo que literatura con protagonista niño o joven. Es verdad que a menudo la presencia de un niño o un joven de determinada edad permite más rápidamente la identificación por parte del lector, pero es solo eso: una herramienta que puede ser facilitadora. Lo importante es que la literatura conecte con las inquietudes, las necesidades y los anhelos de niños y jóvenes.
  • Literatura infantil y juvenil no es lo mismo que pedagogía. Y esto es importante, porque, a pesar de que, de palabra, todos —autores, editores, mediadores…—lo tenemos más o menos claro, lo de la “literatura” con intención (moralizante, educativa…), parece que nos tienta más de la cuenta. En palabras de una de las grandes autoras de la literatura infantil: La literatura infantil no es una píldora pedagógica envuelta en papel de letras, sino literatura, es decir, mundo transformado en lenguaje. (Christine Nöstlinger).
  • Literatuta infantil y juvenil no es la que se escribe para niños, sino la que los niños hacen suya. Hay libros que no se escribieron para niños, pero que los niños de diversas generaciones se han apropiado: Verne, Dumas, Poe, Dickens, London, Asimov… Y hay muchos libros que se escribieron para niños y jóvenes que los niños y los jóvenes no tienen ningún interés en leer y que, si leen, olvidan rápidamente.

Y es bonito, porque esta última reflexión ha generado una nueva pregunta, parecida a la que dio pie a esta entrada, pero no igual. Y es: ¿qué tienen los libros que los niños y los jóvenes hacen suyos? ¿Cuáles son “los ingredientes”?

Solo para empezar a pensar (esto deberá ser materia de otro post) sin duda, una de las claves la tendrá la palabra “autenticidad” . Y quizá, también, la palabra “conmover”, en su sentido más literal: “moverse (interiormente) con” alguien o algo. Pero faltan otras, sí. Faltan.

Otro hilo del que podemos ir tirando.

*Tomado del blog de Elsa Aguiar Editar en voz alta. Elsa Aguiar es gerente editorial de Mercado General en el Grupo SM.